Basado en una visión global de la persona, el termino psicomotricidad integra las interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensorio motrices en la capacidad de ser y de expresarse en un contexto psicosocial. La psicomotricidad desarrolla un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad. Partiendo de este concepto, se desarrollan diferentes formas de intervención psicomotriz que encuentran su aplicación sea cual sea su edad, en los ámbitos preventivo, educativo y terapéutico.

Antes de la aparición del lenguaje, los niños se comunican con todo el cuerpo y es a través de él que, a medida que aprenden y desarrollan sus habilidades corporales, van estructurando el pensamiento, empiezan a tener control emocional y también desarrollan habilidades de relación con los demás y con su entorno.

El movimiento de los niños, para que sea significativo ha de partir de la espontaneidad en la actividad y el juego libre. Si se da en buenas condiciones, la práctica psicomotriz potencia la autoestima, la vivencia y la conciencia del propio cuerpo y del placer, la construcción del sistema corporal, la afirmación del propio yo y la construcción de la identidad, el conocimiento y la aceptación de los límites, la relación entre iguales y la autonomía.

 

LOS NIÑOS APRENDEN A TRAVÉS DEL MOVIMIENTO ANTES QUE DEL RAZONAMIENTO, EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA, LA PERSONA ES UN SER GLOBAL DONDE LAS DIFERERNTES ÁREAS O ÁMBITOS ESTÁN PROFUNDAMENTE INTERRELACIONADOS. ES A LO LAGO DE LOS AÑOS QUE VAMOS PARCIALIZANDO NUESTRO CONOCIMIENTO ENTRE EMOCIONAL, FÍSICO, SOCIAL O RELACIONAL.